“Lo que hizo no tiene perdón”: padres de Génesis a su asesino

En el barrio San José, en el municipio de Fundación, los niños no retozan en sus calles, aún sienten temor. La pequeña víctima soñaba con ser futbolista.

En el barrio San José, de Fundación, el silencio es el signo del luto y del dolor. Sus empedradas calles están solas porque los niños no retozan, quizás temerosos, pues el retrato de la horrible muerte de su amiguita Génesis está vivo en sus mentes.

La única casa con las puertas abiertas es la de los Rúa Vizcaíno, convertida en una especie de santuario, a donde llegan vecinos y personas de otros lares para expresarles a los padres de la pequeña su solidaridad y sentimientos de pesar.

Y allí, en la vivienda, Benjamín y Yeimy (los  papás), sacando fuerzas de donde no las tienen, se aferran a Dios para que les dé resignación y se sostienen en pie por el recuerdo de su hija, de quien manifestaron era “alegre, divertida y juguetona”.

“Lo que hizo no tiene  perdón de Dios”, dijeron como respuesta a la petición de clemencia que  Adolfo Arrieta García (el homicida) les hizo a través de un video que grabó la noche del martes desde su sitio de reclusión en Santa Marta. (Ver recuadro).

“Nos destrozó el alma… no nos explicamos por qué lo hizo… por qué precisamente ella”, se preguntan.

El viernes pasado Adolfo Arrieta ahorcó a Génesis, de 9 años, y su cuerpo lo arrojó a una hoguera que preparó en el patio de su casa. La pequeña había salido a eso de las 2:20 p.m. de su vivienda con el fin de realizar tareas de refuerzo en la casa de su tía Rosmery, vecina del homicida.

La víctima fue identificada por un arete de oro que hallaron en el suelo, junto al fogón de leña donde fue incinerada. En represalia la comunidad destruyó la vivienda y quemó los enseres y pertenencias de su dueño, entre estas un camión.

Génesis Rúa Vizcaíno
Génesis Rúa Vizcaíno

Solidaridad

El martes, cuando el sol despuntaba, los Rúa Vizcaíno recibieron en su casa un significativo gesto de solidaridad y apoyo: el de los alumnos de la escuela San José.

La marcha estudiantil, acompañada de profesores y liderada por el rector William García, partió desde la sede del plantel y llegó a la casa de la pequeña víctima en donde hicieron un minuto de silencio. Allí, al unísono clamaron justicia.

Los infantes pidieron respeto por sus vidas y exhortaron a los adultos a protegerlos en vez de lastimarlos. Con pancartas y arengas  evidenciaron su tristeza por el dantesco suceso.

“Las niñas no se tocan, no se violan, no se matan”; “Dile no al maltrato infantil”; “Ni uno menos, ni uno más”, fueron algunos de los avisos estampados en cartulinas.

Al momento de continuar  la marcha para regresar al plantel educativo, entonaron la canción ‘Canten los Niños’, del español José Luis Perales, considerado el símbolo de los derechos de los menores que son vulnerables a los embates de la sociedad malvada.

Tras ver a los pequeños protestar, Benjamín Rúa hizo una exhortación a los padres de Fundación y a los de Colombia: “¡Abracen todos los días a sus hijos! y… ¡no confíen en nadie!”.

Recuerdos

Ensimismados en su dolor los papás de Génesis hablaron de ella, aseverando que “solo su recuerdo nos llena el vacío que tenemos”.

Benjamín Rúa hizo alusión a una de las cosas que, además del estudio, le llamaba la atención: jugar fútbol.

“Soñaba con ser futbolista, me decía que eso era lo que le gustaba y decía que algún día yo tenía que verla en televisión”, comentó.

Agregó que era tanto el amor que le tenía a este deporte que “prefería que le ragalara un balón y no una muñeca”.

“Un día la llevé a un campo de fútbol para verla practicar y cuando vi el equipo era de hombres, siendo ella la única mujer. Eso me inquietó, pero el técnico me dijo que la dejara. Ese día metió un gol de penalti y eso fue grande para mí”, añadió.

Recordó que hace poco le dijo que le regalara unos guayos o tacos, yo vacilé y le dije que no se los podía dar porque pensaba que ese deporte no estaba bien para ella.

En el equipo Fundación City se desempeñaba como delantera, aunque sus amiguitos Mateo, Flor, Jesús, Argemiro y Josué, con quienes jugaba en la calle del barrio, la identificaran también como gran arquera.

Yeimy, por su parte, manifestó que era muy tierna y que “le fascinaba cargar a los niños más pequeños”.

Indicó que era excelente estudiante al punto que las tareas las hacía sola, sin que la ayudaran. “Me decía, mami, no me peines que yo estoy grande”, rememoró.

“Ella lo era todo para nosotros”, recalcó. El próximo domingo, a partir de las ocho de la mañana, se realizará la gran marcha del pueblo, la cual partirá desde el Parque de la Luz, que rinde homenaje a los 33 niños que murieron calcinados dentro de un bus el 18 de mayo de 2014, y culminará en el parque 7 de Agosto.

Adolfo Arrieta García

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